Cada 16 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, una fecha establecida por las Naciones Unidas para recordar la importancia de proteger este escudo natural de la Tierra y, especialmente, el papel que la cooperación internacional ha tenido para enfrentar uno de los principales problemas ambientales de las últimas décadas.
La protección de la capa de ozono constituye uno de los ejemplos más destacados de cómo el conocimiento científico puede transformarse en acuerdos internacionales, políticas públicas y medidas concretas de protección ambiental.
¿Qué es la capa de ozono y por qué es importante?
Según las Naciones Unidas “la capa de ozono es un fino escudo de gas situado en la atmósfera de la Tierra que protege el planeta, que absorbe los rayos ultravioleta (UV) del sol y ayuda a preservar toda la vida sobre el planeta. Sin embargo, la capa de ozono no es inmune a las dañinas actividades humanas. Un conjunto de gases de efecto invernadero producidos por los humanos conocidos como sustancias que agotan la capa de ozono (SAO), entre los que se incluyen los clorofluorocarbonos que se encuentran en los productos cotidianos, como aparatos de aire acondicionado, frigoríficos y envases de aerosoles, han destruido la capa de ozono”.
Del Convenio de Viena al Protocolo de Montreal
La evidencia científica sobre el deterioro de la capa de ozono impulsó a la comunidad internacional a adoptar medidas coordinadas.
En 1985 se aprobó el Convenio de Viena para la Protección de la Capa de Ozono, que estableció un marco de cooperación internacional para investigar, monitorear y adoptar medidas destinadas a protegerla.
Dos años después, en 1987, se adoptó el Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono.
El Protocolo estableció compromisos concretos para controlar y eliminar progresivamente la producción y el consumo de numerosas sustancias responsables del agotamiento del ozono.
Su implementación constituye uno de los principales ejemplos de cooperación ambiental internacional y demuestra la importancia de actualizar las medidas regulatorias a partir de la evolución de la evidencia científica y tecnológica.
La Enmienda de Kigali: protección de la capa de ozono y acción climática
La problemática evolucionó con el tiempo. Algunas sustancias utilizadas como alternativas a los CFC y HCFC, particularmente los hidrofluorocarbonos (HFC), no tienen un impacto significativo sobre la capa de ozono, pero presentan un elevado potencial de calentamiento global.
Por este motivo, en 2016 se adoptó la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal, que estableció compromisos para reducir progresivamente la producción y el consumo de HFC.
De esta manera, la protección de la capa de ozono se vincula también con otro de los grandes desafíos ambientales actuales: la mitigación del cambio climático.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, las medidas adoptadas en el marco del Protocolo han permitido eliminar progresivamente cerca del 99 % de las sustancias que agotan la capa de ozono y han contribuido a que la capa de ozono se encuentre en proceso de recuperación.
¿Qué implica para las organizaciones?
La protección de la capa de ozono no es únicamente una cuestión de política ambiental internacional. También tiene implicancias concretas para determinadas actividades industriales, comerciales y de servicios.
El uso, almacenamiento, mantenimiento, recuperación, reciclado o disposición de determinados refrigerantes y otras sustancias controladas puede encontrarse alcanzado por requisitos ambientales específicos.
Por ello, las organizaciones que utilizan sistemas de refrigeración y climatización, equipos que contienen gases refrigerantes, determinados agentes extintores u otras sustancias reguladas deben identificar las obligaciones que les resulten aplicables de acuerdo con su actividad, instalaciones y sustancias utilizadas.
Entre otros aspectos, una adecuada gestión ambiental puede requerir:
-Identificar las sustancias utilizadas y los equipos que las contienen.
-Conocer las restricciones aplicables a su importación, producción, comercialización o utilización.
-Gestionar adecuadamente las operaciones de mantenimiento y recarga de equipos.
-Evitar emisiones o liberaciones innecesarias de refrigerantes.
-Asegurar una correcta recuperación y disposición de las sustancias cuando corresponda.
-Verificar los requisitos aplicables a proveedores y empresas contratistas que realizan tareas de mantenimiento.
-Mantener actualizada la documentación y los registros exigidos por la normativa aplicable.
Argentina y el Protocolo de Montreal
Argentina forma parte de este proceso internacional de protección de la capa de ozono.
A nivel nacional, el Protocolo de Montreal fue aprobado mediante la Ley Nº 23.778, sancionada en 1990. Posteriormente, el país incorporó diferentes compromisos y medidas vinculados con la eliminación progresiva de las sustancias que agotan la capa de ozono y la implementación de las modificaciones del Protocolo.
Esto demuestra que los compromisos internacionales se traducen también en obligaciones y requisitos concretos para determinados sujetos y actividades dentro del territorio nacional.
Para las organizaciones, conocer estas exigencias resulta fundamental para determinar qué normativa ambiental les aplica y qué acciones deben implementar para asegurar su cumplimiento.
La protección de la capa de ozono es un ejemplo concreto de que la acción coordinada puede generar resultados. El desafío es continuar transformando la evidencia y el conocimiento en decisiones responsables.
Información obtenida de: https://www.un.org/es/climatechange/preserving-the-ozone-layer y https://www.un.org/es/observances/ozone-day
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