¿Qué es una central térmica convencional?
Es una instalación que utiliza combustibles fósiles —principalmente gas natural, carbón o fueloil— para generar electricidad mediante la transformación de energía química en térmica, mecánica y finalmente eléctrica.
¿Cómo funciona?
En una central térmica convencional, la generación de electricidad comienza con la combustión de un combustible fósil en una caldera. El calor producido se utiliza para calentar agua hasta transformarla en vapor a alta presión. Este vapor impulsa una turbina, transformando la energía térmica en energía mecánica. A su vez, la turbina acciona un alternador que convierte esa energía mecánica en energía eléctrica.
Una vez generado, el vapor que atraviesa la turbina es conducido hacia un condensador, donde se enfría y vuelve a convertirse en agua. El agua es posteriormente retornada a la caldera para reiniciar el ciclo. Antes de ser transportada por la red eléctrica, la energía generada pasa por un transformador, que eleva su tensión y permite reducir las pérdidas durante el transporte.
Si bien el principio de funcionamiento es similar en las centrales que utilizan distintos combustibles, existen diferencias en las etapas de recepción, preparación y alimentación del combustible. Por ejemplo, el carbón requiere ser triturado o pulverizado previamente; el fueloil debe calentarse para facilitar su utilización, mientras que el gas natural puede ser suministrado directamente mediante gasoductos. En las centrales que emplean más de un tipo de combustible, se aplican los procesos de preparación correspondientes a cada uno.
¿Cuál es el tratamiento de las emisiones?
La combustión de combustibles fósiles genera gases y partículas contaminantes, por lo que las centrales térmicas cuentan con distintos sistemas destinados a controlar y reducir las emisiones antes de su liberación a la atmósfera.
Entre las principales tecnologías y medidas utilizadas se encuentran los sistemas de filtración de partículas, destinados a retener material particulado; los sistemas de desulfuración, que permiten reducir las emisiones de dióxido de azufre (SO₂); y las chimeneas, diseñadas para favorecer la adecuada dispersión de los gases emitidos. Asimismo, las instalaciones deben cumplir con los límites de emisión establecidos por la normativa aplicable y realizar los controles y mediciones correspondientes.
Estas medidas contribuyen a disminuir el impacto ambiental de la generación eléctrica, aunque la utilización de combustibles fósiles continúa asociada a la emisión de contaminantes atmosféricos y gases de efecto invernadero.
¿Cuáles son sus principales impactos ambientales?
Las centrales térmicas convencionales pueden generar diversos impactos ambientales asociados tanto al proceso de combustión como al consumo y utilización de recursos durante la generación de energía.
Uno de los principales aspectos es la emisión de contaminantes a la atmósfera, producto de la combustión del carbón, fueloil o gas natural. Dependiendo del combustible y de las características de la instalación, pueden generarse material particulado, óxidos de nitrógeno (NOx), dióxido de azufre (SO₂) y otros contaminantes, por lo que resulta fundamental contar con sistemas de control y monitoreo adecuados.
Otro aspecto relevante es el uso del agua y la generación de impactos térmicos. Los procesos de refrigeración pueden requerir importantes volúmenes de agua y, en determinados sistemas, producir descargas de agua a una temperatura superior a la del cuerpo receptor. Por este motivo, las centrales deben implementar sistemas de refrigeración y medidas de control que permitan minimizar las alteraciones sobre los recursos hídricos.
Además, la operación de estas instalaciones puede involucrar otros aspectos ambientales, como la generación de efluentes líquidos, residuos —incluidos residuos peligrosos según las sustancias y procesos involucrados—, almacenamiento y utilización de productos químicos, emisiones sonoras y gestión de combustibles, cuya identificación y control deben contemplarse dentro de la gestión ambiental de la central.
Normativa aplicable en Argentina
En Argentina, las centrales térmicas de generación eléctrica sujetas a jurisdicción nacional deben considerar un conjunto de requisitos ambientales establecidos por la Secretaría de Energía y por el Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE). Entre las principales normas se encuentran la Resolución ex-SSE N.º 149/1990, que aprobó el Manual de Gestión Ambiental de Centrales Térmicas Convencionales, la Resolución SE N.º 154/1993, que estableció su aplicación a las empresas y organismos dedicados a la generación térmica, y la Resolución SEyM N.º 108/2001, que actualizó las condiciones y requerimientos aplicables, incluyendo límites para las emisiones de contaminantes gaseosos y exigencias de medición y registro.
Este marco establece, entre otros aspectos, la obligación de cumplir con la legislación ambiental aplicable y adoptar medidas para prevenir efectos nocivos sobre el aire, el suelo y las aguas, mantener las instalaciones en condiciones adecuadas y contar con sistemas de registro de emisiones, descargas y desechos. La Resolución 108/2001 también establece límites de emisión para contaminantes como material particulado, óxidos de nitrógeno (NOx) y dióxido de azufre (SO₂), según el tipo de central y combustible utilizado, además de requerimientos para la medición de las emisiones.
Asimismo, deben considerarse las normas y procedimientos dictados por el ENRE y demás disposiciones de la Secretaría de Energía de la Nación que resulten aplicables a cada instalación.
Avanzar hacia una generación de energía más sostenible es un compromiso que nos involucra a todos.
Información obtenida de: https://www.fundacionendesa.org/es/educacion/endesa-educa/recursos/centrales-electricas-convencionales/central-termica-convencional
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